CON LOS BRAZOS ABIERTOS
A los que están llegando...
Se acercan, sabía que estaban próximos, los intuía, aunque en la lejanía
no sentía su inminente presencia. Son como esos sueños que te causan
desazón, pero que al recordarlos no te perturban. Sabía que existían y
lo deseable es que llegaran, pero no vienen solos, se presentan cargados
de emociones y sentimientos a flor de piel, ternura a borbotones,
tristeza incomprensible ( ? ) casi siempre contenida y a veces
desbordada, sentimientos de vulnerabilidad que se alternan con momentos
de valentía, esperanza y fuerza interior. Bienvenidos sean.
No
los voy a recibir como los personajes de Berlanga a “Mister Marshall”,
pero los aceptaré con cariño, como un regalo, un presente en todo el
amplio sentido de la palabra, por que ellos son el resultado de mis
circunstancias vividas, buenas y malas, mejores
y peores, pero que no dejan de conformar lo que yo soy ahora mismo.
Mucho que cambiar, muchísimo por aprender, tanto por vivir…Mi cuerpo va
manifestando el paso del tiempo y a día de hoy no me pesa. Aún siento
que “soy la misma, pero no soy igual”, por que el alma es intemporal.
¡Qué bonito!
Doy la bienvenida a mis CINCUENTA, que ya me
“acechan”, para que no se sientan solos y desdeñados; después de todo,
los dos formamos uno, como mis manos o mi corazón. Cincuenta años, diez
lustros, cinco décadas… ¡Ostras! MEDIO SIGLO. Cincuenta años, son
cincuenta años, pero MEDIO SIGLO…decir medio siglo es una “faena”, son
“palabras mayores”. ¡ Miedo me da! Aún así, aquí estaré esperando, sin
remilgos y con los brazos abiertos de par en par. ¡Que no me pase ná
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