lunes, 6 de enero de 2014


 NOCHE DE REYES, PRÍNCIPES Y CENICIENTAS   "OCHENTERAS"
   
          A veces, hay personas que se cruzan en tu camino y se quedan para recorrerlo contigo.
    La mágica Noche de Reyes de 1985, un plebeyo apareció en mi vida, al poco tiempo se convirtió en mi príncipe y desde hace mucho, es el Rey absoluto, con la venia de Elvis. En la mítica Flamingos, él, un tipo simpático, agradable y buena gente; ella, Cenicienta de pelo rizado ochentero, nariz roja, secuelas de un colosal resfriado y los ojos profundamente tristes por un dolor todavía no superado. 
      Hoy,veintinueve años después, sólo miro atrás para dar las gracias a esa bendita noche de Roscón y miro el presente y el futuro fundiendo mi mirada con la suya, por que ya no lo imagino de otro modo.

lunes, 11 de noviembre de 2013

NUEVE LUNAS, NUEVE REVELACIONES


      
Mil gracias a mis "OCHO LUNAS", las que iluminaron mi noche del sábado. Resacón de emociones y risas. Sobredosis de cariño, la única sobredosis que merece la pena y no deja secuelas negativas. Una maleta viajera. OCHO mas UNA, NUEVE. Las Nueve Revelaciones en una velada de mujeres dispares. Revelando sentimientos, conociendo verdades y recordando toda una vida a través de la amistad y la ternura. Maternidad presente, los ojos luminosos de una “hija-hermana-amiga”. Féminas alrededor de una mesa, abrazando un mismo corazón.
    La energía que se mueve cuando un grupo de mujeres comparten su alegría y también su tristeza, es mágica, terapéutica y necesaria, tan necesaria  como volver a ser niña por 
 un momento, sentirse reina por un día,  compañera de confidencias en una noche de 
                                          pijamas y MUJER SIEMPRE. 
                                                 

viernes, 1 de noviembre de 2013

 
 
                       CON LOS BRAZOS ABIERTOS
                                   A los que están llegando...
    Se acercan, sabía que estaban próximos, los intuía, aunque en la lejanía no sentía su inminente presencia. Son como esos sueños que te causan desazón, pero que al recordarlos no te perturban. Sabía que existían y lo deseable es que llegaran, pero no vienen solos, se presentan cargados de emociones y sentimientos a flor de piel, ternura a borbotones, tristeza incomprensible ( ? ) casi siempre contenida y a veces desbordada, sentimientos de vulnerabilidad que se alternan con momentos de valentía, esperanza y fuerza interior. Bienvenidos sean.

      No los voy a recibir como los personajes de Berlanga a “Mister Marshall”, pero los aceptaré con cariño, como un regalo, un presente en todo el amplio sentido de la palabra, por que ellos son el resultado de mis circunstancias vividas, buenas y malas, mejores y peores, pero que no dejan de conformar lo que yo soy ahora mismo. Mucho que cambiar, muchísimo por aprender, tanto por vivir…Mi cuerpo va manifestando el paso del tiempo y a día de hoy no me pesa. Aún siento que “soy la misma, pero no soy igual”, por que el alma es intemporal. ¡Qué bonito!

     Doy la bienvenida a mis CINCUENTA, que ya me “acechan”, para que no se sientan solos y desdeñados; después de todo, los dos formamos uno, como mis manos o mi corazón. Cincuenta años, diez lustros, cinco décadas… ¡Ostras! MEDIO SIGLO. Cincuenta años, son cincuenta años, pero MEDIO SIGLO…decir medio siglo es una “faena”, son “palabras mayores”. ¡ Miedo me da! Aún así, aquí estaré esperando, sin remilgos y con los brazos abiertos de par en par. ¡Que no me pase ná

lunes, 25 de febrero de 2013



 
LUNA SOLA, SOLO LUNA

 ¡Hey LUNA! No estés triste. Algún día de estos subo a verte y me quedo ahí contigo un ratito para charlar de lo que tu quieras, de lo que quiera yo, de nuestras cosas, de nuestra tristeza y esa soledad que nos acecha, por que yo también me encuentro sola..bueno, a veces, otras no. Tu estás rodeada de estrellas y yo tengo a la gente que mas quiero a mi lado, pero es esa soledad que se apodera de ti cuando comprendes que estás sola frente a tus miedos, a tus preocupaciones, que sólo tu puedes hacerles frente, por que están en tu interior.
        
   ¡Hey LUNA, lunita! No dejes de iluminar mis noches y espérame mañana en nuestro descampado, el de siempre. Yo prometo contarte también mis alegrías y cantarte alguna canción de cuna, para que duermas tranquila y a cambio, sólo te pido que me des tu luz y sonrías un poco mas .Buenas noches LUNA, mi luna llena, nueva, creciente o menguante, mi lunática amiga de confidencias silenciosas, la que a veces se esconde perezosa, entre las nubes, pero siempre me sorprende con un rostro nuevo, me conforta con un guiño de complicidad y me manda a dormir, recordándome que dentro de pocas horas, de nuevo, saldrá el SOL para mí.

sábado, 14 de abril de 2012

EL DULCE AROMA DE UN TÉ

         
                 RELATO CORTO                                 
                                                                                         Dedicado a mi querida amiga Lucia Tanasie


-  Aquí tiene su té, señorita. Espero que lo encuentre a su gusto”.
   La voz del camarero le resultó agradablemente familiar. Cerró los ojos y a su mente llegó el recuerdo de una cálida voz, tan acogedora y sugerente, como el dulce aroma de aquel té. Mientras su mirada se perdía entre los destellos dorados de la infusión, Lucía recordó aquella sombría tarde de otoño, en una vieja taberna de Londres, cuando la soledad le atenazaba y añoraba un amor perdido, sentada como ahora, frente a una taza de té. Era el final de una historia de amor que ella había imaginado eterna y que se había llevado tras de sí, ocho años de ilusiones y proyectos.

-  ¿Sabés vos que las hojas pueden revelar el destino?
     Lucía alzó sus ojos lentamente y descubrió una amplia sonrisa, que iluminaba el rostro mas bello que había visto jamás. Y aquella dulzura al hablar...Desconcertada, no supo qué decir...y no dijo nada, tan solo sintió un inmenso e incontrolable rubor.
- Las hojas de té, digo. ¿Vos no creés en el destino?- Insistió el joven camarero con su melodioso acento argentino.
    Lucía reaccionó al fin. Fué como despertar de un intenso y largo letargo, pero...¡qué dulce despertar! El muchacho se inclinó levemente; su mirada resultaba cómplice y al ver la expresión de extrañeza de Lucía, se acercó un poco mas y le susurró:
- No viste un fantasma, soy un simple mortal y vos tenés la mirada mas triste que jamás ví. Lástima que haya tanta melancolía en unos ojos tan lindos.

   ¡Y tú tienes una labia...!- pensó Lucía.- ¡A cuantas mujeres les habrás dicho lo mismo!; pero eres tan adorable y yo necesito tanto una palabra de cariño...
    El joven pareció adivinar sus pensamientos.

- Debés de pensar que soy un descarado o un ligón como decís en tu país, por que vos sos española y ... acabás de llegar...

“Pero si no he dicho nada.”- Pensó Lucia sorprendida. - ¿Cómo sabe este chico que yo.... ?
 Una vez mas, el joven respondió a sus dudas.

- Ya se que no te oí hablar, pero no puede ser de otro modo. Tenés algo... ¡Decíme que me vas a aceptar otra taza de té cuando acabe de trabajar!
- No creo que fueras a aceptar un no por respuesta.- Lucía sonrió divertida.

- Hablaste! - Viste, no es tan difícil y ahora ya no tenés los ojos tan tristes. Soy Marcelo y si tu querés, no voy a dejar que nunca te sientas sola.

    ¡Dios mío! aquello era como un sueño! ¿De dónde había salido aquel ser? Cuatro palabra suyas, habían bastado para que yo deseara salir de aquel pozo en el que llevaba hundida desde mi ruptura, hacía mas de un año.Ahora, con veintiséis años, me veía sola, aprendiendo a vivir por y para mí, aprendiendo a pensar individualmente y trabajando como enfermera en un gran hospital londinense; en definitiva, comenzando de nuevo. Cuando surgió la posibilidad de trabajar en Londres, no lo dudé, quería alejarme de todo cuanto me recordara mi vida anterior, necesitaba huir del hombre que durante tanto tiempo había sido el centro de mi mundo y que me defraudó.

    Desde aquel encuentro con Marcelo, en la vieja taberna de Brick Lane, todo cambió para mí. Descubrí a una Lucía que yo misma desconocía; abandoné la comodidad de una vida segura pero anodina y me convertí en una aventurera del día a día. Cada mañana me levantaba con una nueva ilusión; mi trabajo me apasionaba, pero sentir que cada día era distinto y poder vivir nuevas experiencias de la mano de Marcelo, era lo que me llenaba de una energía inagotable.
- Hoy te voy a mostrar el mercado de Brick Lane. Luego podríamos comprar algo para comer en Baigel Bake. ¿Te parece?

   ¿Que si me parece? A mi me parecía perfecto todo cuanto Marcelo me propusiera.Todavía recuerdo las dos horas que tuvimos que esperar, haciendo cola, para poder comprar los deliciosos bocadillos de Baigel Bake, con su peculiar salsa dulce.¡ Nos reímos tanto!

   Marcelo vivía en una pequeña pero acogedora buhardilla, cerca del lugar donde nos conocimos, Spitalfields, un barrio multirracial, bullicioso y dinámico que olía a curry y especias de la cocina bengalí. En aquel exiguo espacio, convivían, en estratégico desorden, pero sin rastro de suciedad, montones de libros, lienzos y pinturas que él utilizaba en sus momentos de ocio, velas aromáticas, una guitarra acústica, algo desgastada y un gato callejero que todos los días se colaba por la única ventana de la casa, para desayunar y acomodarse sobre una mullida almohada que Marcelo siempre le tenía preparada.

- Este gato es como yo. - me decía. No le gusta estar sujeto a nada..., pero siempre vuelve.

    Me fascinaba la personalidad de Marcelo; jamás había conocido a alguien como él. A su lado todo me parecía tan sencillo... Era un ser libre que me contagiaba su pasión por la vida, una sensación que nunca viví, al menos de ese modo, en los ocho años que había pasado aferrada a una relación que jamás me hizo vibrar. Cada día, aquel hombre de ojos verdes y manos sinceras, me sorprendía con sus ocurrencias y su especial sentido del humor. Nunca me decía te quiero, ni yo se lo pedía, pero qué mejor prueba de amor, que sentir sus dedos acariciando mi pelo, como sólo él sabía hacerlo o notar como su cuerpo se fundía con el mío, con aquella pasión que luego coronaba de ternura.

- Vení, divina. Te voy a llevar a saborear la mejor comida india que jamás hayas probado.

    Y me llevó de su mano por pintorescas calles, pobladas de músicos callejeros e inundadas de ritmos jamaicanos, rock, jazz y música bhangra, que se mezclaban entre sí, formando una sonora Torre de Babel. Para mi sorpresa, comimos en casa de un buen amigo suyo, de origen hindú, que me agasajó con la gastronomía de su país. Marcelo me abrazaba mientras charlábamos apaciblemente con nuestro anfitrión., acariciaba mi rostro con la yema de los dedos y jugueteaba con mis labios, regalándome besos a cada instante. Todo era tan mágico y perfecto, que no podía dejar de sentirme, cada vez, mas fascinada y unida a él.

- ¿Qué dónde está mi computadora? No tengo, flaca, no la necesito y tampoco necesito un celular, ni un auto; tengo mi bicicleta. No hay nada imprescindible.

Era increíble, divertido y tan convincente, que casi llegué a creer que yo podía prescindir de mi ordenador y mi teléfono móvil.

- Vos sabés donde me podés encontrar y yo sé donde te puedo buscar.¿Viste? Es tan fácil como eso.

    Y en realidad, era tan fácil como eso. Tan fácil como enamorarse perdidamente de él, tan fácil, como desear despertarse cada mañana a su lado y poder deambular, con los pies descalzos, entre aquel caos de libros y enseres que ahora también formaban parte de su vida. Tan sencillo, como querer que cada rincón de la casa quedara impregnado de ella misma, para que Marcelo la pudiera sentir a cada instante y creciera en él, la imperiosa necesidad de no dejarla marchar. Nunca hablaron de ello, pero los dos sabían que aquella historia podía terminar, así como terminó el contrato laboral de Lucía. De la mañana a la noche, las ansias de pisar de nuevo su tierra la empezaron a acuciar. Sintió que necesitaba volver a bañarse en su mar Mediterráneo y pasear bajo un sol que en Londres apenas se dejaba ver, pero no podía pedirle a Marcelo que lo dejara todo y la siguiera en su regreso a España; era como pedirle a un águila que dejara de volar. El era un ser humano que irradiaba libertad y Lucía siempre supo que aquélla forma de sentir y vivir que tanto le cautivaba de Marcelo, podría algún día, jugar en su contra.

    Se abrazaron, se besaron y con una sonrisa, se dijeron adiós, sin lágrimas, sin reproches y agradecidos por todo cuanto habían compartido. No hubo promesas mutuas de reencuentro, ni de amor eterno, como nunca las hubo antes. Todo quedó así, en un adiós y desde aquel momento, ya no volvieron a saber nada mas el uno del otro. No fue por indiferencia ni por olvido, fue... por que no podía ser de otro modo.

- ¿Señorita, le importaría acabar su té? Lo siento, vamos a cerrar.

    La voz del camarero la devolvió a la realidad. Su tono ya no le resultó tan especial, tan familiar, por que ninguna voz podía ser como la de Marcelo. Aquel hombre, con su cara de niño, la había llenado de tanto amor, que en su corazón no quedaba espacio para el dolor o la tristeza, tan solo para el recuerdo y la gratitud .
    Una musiquilla metálica pero conocida, la sobresaltó. Rebuscó en su bolso y en su móvil, un mensaje:

- “ Te extraño amor; no puedo estar sin vos.”

    Lucía sonrió satisfecha y divertida pensó: “Por fin se lo ha comprado”. Ilusionada, tecleó unas sencillas palabras de respuesta:  “Yo también te quiero, mi amor”.

    Sonriente, volvió a tomar la taza entre sus manos y lentamente, con deleite y evocación, aspiró el dulce aroma de aquel té.

                                                                                        
     


martes, 1 de noviembre de 2011

COLABORACION: TERTULIAS ANACRÓNICAS

    
     Desde "Tertulias Anacrónicas", recibimos y agradecemos un soplo de "aire fresco", ese que tanto necesitamos, el que su protagonista busca y anhela. ¿Lo encontrará? Sigue sus pasos y hallarás una historia sencilla y cotidiana que te llevará por esos caminos de nuestra tierra mediterránea.


                                                 

                                                 AIRE
    
    Despierto desde las cinco treinta de la madrugada,  no llegaba nunca el día.El calor no había cesado en toda la noche y necesitaba aire. Presa de un arrebato y viendo que me faltaba ese aire, he decidido salir a buscarlo.
    Aún no eran las nueve de la mañana cuando he bajado a por mi vieja moto. Cómo si de un caballo se tratara, al que hay que ponerle la silla y los atalajes, le he quitado la funda que la cubre, le he quitado un poco el polvo, y le he metido la llave. Al dar media vuelta se han encendido los chivatos. Bien,buena señal. He cerrado un poco el aire del carburador y al pulsar el botón de arranque su motor, su honrado motor,se ha puesto a rugir. La he dejado un poco en marcha mientras me ponía todo lo necesario para salir en busca de ese aire que me faltaba y que no sabía dónde encontrar, que no sabia siquiera si existía... Al momento, mi vieja montura también me pedía aire. Con un pequeño movimiento de mi pulgar, he accionado de nuevo la palanca del carburador y se lo he dado. Automáticamente, su rugido se ha vuelto dócil, suave, como el tic tac de un reloj. Allí ha quedado esperando a iniciar la marcha y no la he hecho esperar más. Salimos raudos al moderno abrevadero a llenar su metálica panza de liquido y de ahí,  en busca del aire sin rumbo fijo. Sólo una idea: la montaña.
     Vivo en una zona privilegiada y muy montañosa. El tránsito del mar a la más abrupta montaña. Lo haces sin apenas darte cuenta. Muchas veces lo compartes teniendo la montaña seca, con sus pinos y sus cigarras calurosas a un lado, mientras en el otro disfrutas de un mar de un azul indescriptible. Pero ese no era el caso. El mar quedaba a mi espalda y el sol daba de lleno en mi cazadora de cuero negro. A pesar de ir en la moto, lo notaba ahí, fuerte, desafiante. Pasados unos kilómetros y unos minutos, el paisaje empezaba a cambiar. Ya no se veía rastro de industria y el terreno que me rodeaba empezaba a ser yermo. Cruzo por el primer grupo de “masias” en busca del aire que empiezo a sentir. Poco a poco ese aire va cogiendo olores: olores de pinos, de tierra seca, de estiércol. Todo se mezcla, pero lo he encontrado. Ya me he alejado de los núcleos urbanos, salvajes. Un pueblo queda a mi izquierda, el aire ahora me regala con olor a aceite, aceite de almazara, de algarrobas.
    Sigo mi marcha, los insectos golpean la protección de mi casco, la velocidad es en todo momento la que marcan las señales de tráfico. A veces circulo a mas baja velocidad, aunque no hay pueblos en la ruta escogida. Se suceden los núcleos de “masias” habitadas y en cada una de ellas, un bar, y en cada bar, coches y caballos de metal como el mío, que quizás sus jinetes, también busquen aire en este mundo donde nos resulta cada día mas difícil respirar.
    Voy ganado altura. Me doy cuenta que una indicación a mi derecha, me advierte de un puerto y me dice que está abierto. Casi inmediatamente detrás, una señal de peligro con un gran copo de nieve dibujado. Es cierto, el invierno es crudo en el interior. El aire, ese aire que he venido a buscar, se deja sentir en mis manos desnudas. "Quizás hubiera tenido que ponerme guantes"- pienso. El camino empieza a hacerse mas difícil. Empiezan a sucederse las curvas, que voy tomando con suavidad, balanceándome de un lado a otro. El rugir de mi máquina es sereno, potente, acoplándose a cada curva, a cada desnivel. Llego arriba y de nuevo el aire, me da la bienvenida. Fresco, seco, se deja sentir de nuevo. A pesar que se lo impido, se cuela por los pasos abiertos de mi casco refrescándome el rostro.
    Empiezo la bajada. El paisaje ha sufrido un cambio radical. Ahora gran cantidad de “itos” se alinean a ambos lados de la carretera y me dicen que en invierno, por la nieve, es la única referencia que se tiene para no salirse al circular. Veo al fondo, encima de una loma tras una hondonada, un grupo de gigantes. Gigantes que no buscan el aire. Lo esperan allí,  día a día. Son molinos de energía eólica. Los veo, paro y disfruto el batir de sus brazos al viento. Un aire fresco, puro, lleno de aromas de trigo recién segado de unos campos que se encuentran apenas a unos metros. Se ha retrasado la siega. El frió quizá haya hecho que no madure tanto el trigo como se esperaba. Sigo mi marcha y al final de la larga recta de blanco asfalto, veo un pueblo. Ese será mi destino. Entro, paro, y me dirijo al bar como los antiguos caballeros andantes, a la fonda. Dejo amarrada mi montura a la sombra y me dirijo a reponer fuerzas. Me comenta el posadero que hoy hace bueno; el día es espectacular, de un azul de cielo como pocos. Me dice que hasta la semana pasada hacia frio. Comentamos cosas sin importancia. Miro el bar que se ha quedado anclado en el pasado y la pátina del tiempo envuelve sus botellas, sus estanterías, su todo.
Encima del mostrador veo ceniceros con colillas. ¡ Qué mas da si este bar vive tiempos distintos!. El bar y todo el pueblo, que apenas se ve nadie aún, a pesar de ser las once  de la mañana.Tranquilidad absoluta.
    Salgo del bar. Acaricio un poco mi montura y de nuevo vuelve a rugir con suavidad. Me vuelvo al punto de partida. De nuevo el mismo camino. Los gigantes parece que, con sus brazos,me dicen adiós. Al cruzar la hondonada empiezo a notar una fresca brisa, una brisa que se acentúa cuando más me acerco al mar. Es un viento fresco racheado, una brisa marina de la que suele soplar hacia el mediodía. Esta brisa me golpea lateralmente y convierte mi caminar en un baile, en un baile con el viento, en un baile con el aire. He encontrado el aire...y he bailado con él.


sábado, 8 de octubre de 2011

OCTUBRE VÍRICO y VERÍDICO

        


     Septiembre nos abandonó, saliendo de casa a hurtadillas para no ser visto y dejar espacio a un imponente OCTUBRE, que en homenaje a los calores veraniegos, nos ha regalado muchas horas de sol ardiente , sudores y también, a algunos veraneantes tardíos y a los autóctonos nostálgicos, les ha seducido con sesiones de playa "a tuti plen".            
    ¡Qué bonitas palabras, cuanta poesía en tan poco espacio!... pero la verdad, es a la vez esa...y otra muy distinta. OCTUBRE nos recibe con las alas abiertas y nos lleva de nuevo, en volandas, hacia terrenos ya explorados por el ser humano, hacia unos mundos lamentablemente conocidos y nos abandona... bueno, nos deposita, en brazos de múltiples y socorridos VIRUS. Lo de socorridos ya podemos imaginar por qué y es que, cuando uno no sabe o no contesta, ahí está el virus (uno de tantos) para cargar con las culpas de todo lo acontecido en materia de salud y aligerar la pesadumbre de lo incierto e inseguro.
    Sí, yo soy un ejemplo palpable, de esta realidad, una víctima inocente, como casi todas, de este OCTUBRE VIRICO Y VERIDICO de quien yo pensaba poder escapar, haciendo acopio de un buen talante, una sana actitud y por que no decirlo, protegiendo mis defensas con un poquito de polen, vitamína C en forma de jugosas naranjas, arroz integral y algas de Mamá Bio, mi tienda ON LINE de alimentos biológicos, pero he sido vilmente sorprendida, atacada a traición por "el virus", sin haber tenido tiempo material de adoptar todas estos buenos hábitos.(En mi defensa diré que todavía estaban coleando los vestigios de un SEPTIEMBRE CONVULSO.)
     El Otoño me ha ofrecido como regalo de bienvenida (a mi y a un sinfín de seres vivientes) un tremendo dolor de cabeza, mucosidad, estornudos, una nariz irritada ante tanto roce de celulosa, dolores musculares, ojos llorosos, vamos me ha dejado echa un trapo! y aún así, haciendo vida normal, por que una mujer nunca se arredra ante todos estos ataques malintencionados de la naturaleza (?) y lucha titánicamente contra los elementos adversos. Muchas féminas recurren al  fluimucil, al pectox, (en mi caso acudo a la homeopatía y al reiki ); casi todas echamos mano del ibuprofeno o el parecetamol...y acto seguido, de la brocha, el colorete y el pintalabios, para recuperar nuestra dignidad delante de los clientes, los jefes, los compañeros de trabajo. Al caer la tarde-noche, cansadas y descoloridas, regresamos a casa y ya nos importa un bledo nuestra apariencia, solo queremos quitarnos los zapatos, ponernos el pijama, las zapatillas y que nos dejen dormir en paz, rodeadas de paquetes de pañuelos y cebolla a rodajas  (para respirar mejor, un remedio casero que recomiendo). 
    No tenía intención de enfrascarme en lamentos y reproches, pero el tema, no por simple y habitual, deja de ser molesto y doloroso. Un día de estos os cuento una bonita historia de amor, un cuento con final feliz o cuelgo en el blog, un relato especial, pero ahora voy a centrarme en salir de este estado indeseable para que el uso de la cosmética sea un acto voluntario y no una necesidad.
    Vamos a ver qué pasa en  NOVIEMBRE...bueno, sí, mi cumpleaños, que cada año se empeña en convertirme en una mujer adulta ...y madura. ¡Y a este paso,  lo consigue!