Septiembre se diluye entre retazos de un verano que se resiste a abandonar su protagonismo y albores de otoño que se niega a ceder su parcela al arrogante sol de estío. A punto está de acabar este mes, pero empezó para mucha gente, con el regreso de las vacaciones y su consabida depresión post-vacacional. Se presentó con premuras escolares, desparrame de libros sobre las camas, ropa que ya no sirve por que los niños crecen ajenos y paralelos a la vez, al decrecimiento de los bolsillos paterno-maternos, adolescentes que cambian sus gustos y consideran un sacrilegio repetir vaquero o modelito del año anterior, jóvenes descorazonados sin inquietudes académicas ni opciones de trabajo. Antes, cuando yo era jovencita, quien no quería o "no servía" para estudiar, se colocaba de aprendiz en cualquier taller o tienda en cuanto acababa la EGB. Los padres siempre tenían algún amigo o contacto que le brindaba la primera experiencia laboral al chico o chica que no tenía miras estudiantiles y estos, a los veintipocos, ya habían conseguido tener unos ahorrillos que les permitían dar la entrada del piso que sería su hogar conyugal, a no mucho tardar y también preparar su boda con la novia o novio de toda la vida, siempre y cuando, claro está, los padres pudieran permitirse dejarles que se quedaran con el sueldo.
Septiembre es sinónimo de ebullición, prisas, acoples, un constante estar pendiente de los plazos de matrícula de cualquier actividad que se pueda imaginar, en las entidades mas diversas. La EPA, el SME, la UP , el taichi de la AAVV, La regidoría de Igualdad, la danza oriental, el baile de salón, los bolillos...Menos mal que ahora, gracias a los sistemas telemáticos y otros procedimientos menos irritantes y parece ser que mas acertados, (aunque nunca llueve a gusto de todos), en los cursos municipales ya no hay que hacer cola como antaño, cuando conseguir una plaza dondesea era cuestión de madrugar hasta límites insospechados y ponerse en fila de a uno como si se fuera a pedir el rancho, con la cartilla de racionamiento. Ahora al menos, una se conforma o no tiene mas remedio que conformarse, por que es la suerte la que decide: una mano inocente o las cuatro últimas cifras del cupón de los ciegos, por poner un ejemplo, determinan por qué número se comienza a inscribir a los futuros usuarios.
- ¿Tú a qué te vas a apuntar este año?- les preguntaba yo a mis amigas Pilar y Sandra hace poco. Y cada una me exponía sus ideas y como no, yo las mías. La cuestión es hacer algo que aporte a tu vida experiencia, ilusión, que te ayude a crecer, a mantener activo tu cuerpo, tu intelecto, tu alma, pero todo esto ya, ahora, en Septiembre, por que si no, se acaban los famosos plazos de matrícula y te quedas fuera del bombo, ese que contiene tus números, el que decidirá si este año haces yoga en la piscina, si aprenderás a pintar, si hablarás inglés de una vez por todas o si te quedarás sin nada de todo eso, por que todo está ya en manos de la Diosa Fortuna. Como alternativa, podrás recurrir a las actividades en centros privados, si te lo puedes permitir, pero aun así, tendrás que enfrentarte a plazos que expiran, prisas por organizar los próximos nueve meses de tu vida y la de tus hijos, ingeniártelas para que los horarios de entrada de tus clases no coincidan con los de ellos, por que hay que llevarlos y recogerlos...o bien que coincidan, de esta forma, mientras los niños se forman de cara a su futuro, tu te puedes realizar como persona....siempre y cuando estés realizada y ya desocupada cuando ellos salgan de sus quehaceres extraescolares.
Septiembre agoniza lentamente, asfixiándonos con su veranillo de San Miguel, mientras Octubre nos quiere seducir con promesas de frescos amaneceres y tardes de manga larga. Septiembre es para mi como el Enero de los buenos propósitos, por que mis intenciones comienzan con el inicio de curso y no con el Año Nuevo, así, si en estos cuatro meses no cumplo mis objetivos, siempre me queda otra ronda, una segunda oportunidad para intentarlo de nuevo.
Este curso quiero hacer muchas cosas, quiero aprender a vivir con mis circunstancias, a lidiar con el día a día, a ver las cosas de otro modo y no perder el tiempo haciendo colas, esperando que me den plaza por que la plaza ya la tengo ganada y es vitalicia; no quiero esperar para ser algo o alguien algún día, pero se que tengo que trabajar mucho para conseguir mis planes de futuro.
Digo adiós a este Septiembre Convulso con las ganas de encontrarme con un Octubre plácido, para retomar fuerzas, un Noviembre ameno y un Diciembre esperanzado que de paso a un Enero...un Febrero...
Yo me apunto a todo esto, ¿Te apuntas tú?
Septiembre agoniza lentamente, asfixiándonos con su veranillo de San Miguel, mientras Octubre nos quiere seducir con promesas de frescos amaneceres y tardes de manga larga. Septiembre es para mi como el Enero de los buenos propósitos, por que mis intenciones comienzan con el inicio de curso y no con el Año Nuevo, así, si en estos cuatro meses no cumplo mis objetivos, siempre me queda otra ronda, una segunda oportunidad para intentarlo de nuevo.
Este curso quiero hacer muchas cosas, quiero aprender a vivir con mis circunstancias, a lidiar con el día a día, a ver las cosas de otro modo y no perder el tiempo haciendo colas, esperando que me den plaza por que la plaza ya la tengo ganada y es vitalicia; no quiero esperar para ser algo o alguien algún día, pero se que tengo que trabajar mucho para conseguir mis planes de futuro.
Digo adiós a este Septiembre Convulso con las ganas de encontrarme con un Octubre plácido, para retomar fuerzas, un Noviembre ameno y un Diciembre esperanzado que de paso a un Enero...un Febrero...
Yo me apunto a todo esto, ¿Te apuntas tú?

