Septiembre nos abandonó, saliendo de casa a hurtadillas para no ser visto y dejar espacio a un imponente OCTUBRE, que en homenaje a los calores veraniegos, nos ha regalado muchas horas de sol ardiente , sudores y también, a algunos veraneantes tardíos y a los autóctonos nostálgicos, les ha seducido con sesiones de playa "a tuti plen".
¡Qué bonitas palabras, cuanta poesía en tan poco espacio!... pero la verdad, es a la vez esa...y otra muy distinta. OCTUBRE nos recibe con las alas abiertas y nos lleva de nuevo, en volandas, hacia terrenos ya explorados por el ser humano, hacia unos mundos lamentablemente conocidos y nos abandona... bueno, nos deposita, en brazos de múltiples y socorridos VIRUS. Lo de socorridos ya podemos imaginar por qué y es que, cuando uno no sabe o no contesta, ahí está el virus (uno de tantos) para cargar con las culpas de todo lo acontecido en materia de salud y aligerar la pesadumbre de lo incierto e inseguro.
Sí, yo soy un ejemplo palpable, de esta realidad, una víctima inocente, como casi todas, de este OCTUBRE VIRICO Y VERIDICO de quien yo pensaba poder escapar, haciendo acopio de un buen talante, una sana actitud y por que no decirlo, protegiendo mis defensas con un poquito de polen, vitamína C en forma de jugosas naranjas, arroz integral y algas de Mamá Bio, mi tienda ON LINE de alimentos biológicos, pero he sido vilmente sorprendida, atacada a traición por "el virus", sin haber tenido tiempo material de adoptar todas estos buenos hábitos.(En mi defensa diré que todavía estaban coleando los vestigios de un SEPTIEMBRE CONVULSO.)
El Otoño me ha ofrecido como regalo de bienvenida (a mi y a un sinfín de seres vivientes) un tremendo dolor de cabeza, mucosidad, estornudos, una nariz irritada ante tanto roce de celulosa, dolores musculares, ojos llorosos, vamos me ha dejado echa un trapo! y aún así, haciendo vida normal, por que una mujer nunca se arredra ante todos estos ataques malintencionados de la naturaleza (?) y lucha titánicamente contra los elementos adversos. Muchas féminas recurren al fluimucil, al pectox, (en mi caso acudo a la homeopatía y al reiki ); casi todas echamos mano del ibuprofeno o el parecetamol...y acto seguido, de la brocha, el colorete y el pintalabios, para recuperar nuestra dignidad delante de los clientes, los jefes, los compañeros de trabajo. Al caer la tarde-noche, cansadas y descoloridas, regresamos a casa y ya nos importa un bledo nuestra apariencia, solo queremos quitarnos los zapatos, ponernos el pijama, las zapatillas y que nos dejen dormir en paz, rodeadas de paquetes de pañuelos y cebolla a rodajas (para respirar mejor, un remedio casero que recomiendo).
No tenía intención de enfrascarme en lamentos y reproches, pero el tema, no por simple y habitual, deja de ser molesto y doloroso. Un día de estos os cuento una bonita historia de amor, un cuento con final feliz o cuelgo en el blog, un relato especial, pero ahora voy a centrarme en salir de este estado indeseable para que el uso de la cosmética sea un acto voluntario y no una necesidad.
Vamos a ver qué pasa en NOVIEMBRE...bueno, sí, mi cumpleaños, que cada año se empeña en convertirme en una mujer adulta ...y madura. ¡Y a este paso, lo consigue!
