domingo, 17 de julio de 2011

La chica de mis sueños

   


      La primera vez que vi a Eva, pasó lo que nunca creí que pudiera pasar: que una chica guapa, fuera además interesante y sobre todo, buena gente.Ya se que dejarme llevar por un  tópico odioso dice muy poco de mí, pero por aquel entonces, las chicas me parecían todas iguales, bastante frívolas y demasiado preocupadas en manosearse el pelo mientras hablaban del plan del fin de semana. No había ni una que me hiciera sentir algo especial y si en algún momento alguna niña atrajo mi atención, la ilusión se desvaneció rápidamente en cuanto abrió la boca y dijo dos palabras.
    Aquel día, Eva llegó como un vendaval, sonriendo y repartiendo saludos a todo aquel atajo de niñatos aburridos entre los que me encontraba yo. Era realmente guapa, pero lo que vi en ella, iba mas allá de su aspecto físico y nunca lo había percibido en otras chicas.
     - Está buena,¡eh!- comentó mi primo Cesar dándome un ligero codazo. Cesar la conocía desde el curso anterior y se habían hecho muy buenos amigos. ¡Era perfecta! De pronto vi como Eva alzaba la mano en ademán de acicalarse la melena y me dije que aquello no podía estar sucediendo; ella no era como las demás, pero lo hizo, hundió sus dedos entre los mechones ondulados y los peinó parsimoniosamente mientras Cesar bromeaba con ella, que si "el tirantito se te cae", que si "cada día estás mas maciza" y ella le respondía con una sonrisa: ¡Cesar, que te veo venir! Sí, se tocó el cabello, eso que yo tanto detestaba...pero lo hizo tan, tan.... bien, con tanta naturalidad, que no pude hacer otra cosa que perdonárselo. Bueno, supongo que fue un flechazo y eso, lo pudo todo.
     Desde aquel día, con la excusa de quedar con mi primo,  me hice el encontradizo constantemente y al poco tiempo ya la acompañaba a casa por que me venía de paso, aunque yo vivía en la otra punta de la ciudad. Me gané su amistad, su confianza y un día por primera vez, la vi llorar, no era la Eva alegre y divertida que yo conocía, pero la quise mas todavía, por que sí, yo ya la quería por encima de todo. Me contó que había tenido un novio, que el chico la había dejado de malas maneras, pero que seguía enamorada de él. Me parecía  increíble que alguien pudiera abandonar a Eva, pero saber lo que ella sentía fue para mi como un jarro de agua fría, aún así, no me arredré y una tarde, cuando la acompañaba a su casa, me armé de valor y le pedí que saliera conmigo. Hubiera dado mi vida por arrancarle del alma a aquel desgraciado que seguía haciéndole daño con su indiferencia. Ella me miró con dulzura, lo recuerdo todavía, me puso la mano en la mejilla y me rechazó, con delicadeza, pero me rechazó. No le parecía justo estar conmigo mientras todavía tenía a otro metido en su corazón. Me tragué la rabia, el dolor y desaparecí de su vida durante un tiempo. Ella tenía razón, no era justo para mí y yo tampoco quería ser una pieza de repuesto, tan sólo albergaba la esperanza de haberla podido enamorar poco a poco.
     Acabó el curso, habían pasado mas de tres meses y llegó el verano, con las tardes en la piscina, las salidas con los amigos y de nuevo....volvimos a coincidir, a charlar, a acompañarla a casa, pero nunca hablamos de aquello. No esperaba nada de ella...o tal vez sí, deseaba que hubiera olvidado al imbécil aquel que no se la merecía. Me parecía un cretino, un chulo y muy poca cosa; al compararme con él yo me veía por encima en todos los aspectos y no es que yo fuera  por la vida de prepotente, pero lo tenía claro, yo era bastante mas alto, mas guapo y mucho mejor persona que él. No entendía qué había visto Eva en ese individuo para que le costara tanto desengancharse de esa historia.
     El día de San Fermín, ese famoso 7 de Julio de la canción, cambió mi vida. Habíamos quedado todos los amigos para ir a la ermita del pueblo, un paraje natural donde la gente iba a a pasar el día de dominguero. Hacía mucho calor y al llega, bajamos a beber a la fuente que había junto a un pequeño estanque que llamaban "El pastoret".Sin saber cómo, empezamos a mojarnos unos a otros, nos llenábamos la boca de agua y nos perseguíamos hasta descargarla con fuerza, sobre nuestros compañeros. La cosa fue a mayores y alguno del grupo se metió en el estanque echando agua sobre los demás. Eva me pilló un par de veces por sorpresa y yo le devolví la fechoría. Nos reímos, nos mojamos y finalmente, todos empapados, nos dejamos caer sobre el césped sin poder dejar de reír y Eva, cayó a mi lado, los dos boca arriba, muy juntos. No quería darle importancia a la situación, pero el corazón me latía con fuerza  y se dividía entre la esperanza de significar algo mas para ella y el miedo a no dejar de ser mas que un amigo. Notaba su respiración cerca de mi, el olor de su pelo mojado, pero no me moví, no dije nada, permanecí con la mirada clavada en el cielo, siguiendo el movimiento de las nubes, sabiendo que nada iba a pasar, pero pasó. Oí su voz, aquella que tantas veces me había hablado de lo enamorada que estaba de su ex, diciéndome ahora, algo que no me esperaba:
      - Iván, todos los días me arrepiento de no haber salido contigo cuando me lo pediste.
      Durante unos segundos no dije nada, quería estar seguro, no quería ilusionarme y arriesgarme a ser  rechazado de nuevo, pero enseguida le respondí, sin dejar de mirar las nubes viajeras.
      - Tal vez todavía estés a tiempo.
     - ¿Todavía?- preguntó ella, mientras yo percibía cómo se volvía hacia mí, rozando suavemente mi cuerpo con el suyo .
   - Pero esta vez, tendrás que pedírmelo tú a mi.- me sorprendí diciendo. Esperé unos instantes y sin moverme, volví la cabeza hacia ella para mirarla y tropecé con sus ojos verdes, casi con su nariz respingona. Me sonreía, apoyando su cabeza sobre su mano y el codo sobre la hierba. No dijo nada, se volvió de nuevo sobre su espalda, mirando hacia arriba. Su silencio me pareció  una eternidad, aunque no esperaba respuesta.
     - ¡Vale!- dijo como si nada..
     - ¿Vale?- respondí yo, incorporándome de golpe como si un resorte invisible me impulsara.
     - Claro, es lo justo, tu ya lo hiciste una vez.- Se sentó, me miró y me pidió que saliera con ella, le dije un sí casi automático; lo tenía aprendido desde el primer día que la vi. Nos volvimos a tumbar, a mirar al cielo, cogiéndonos de la mano y al volver a casa, ya cayendo la tarde, nos abrazamos por el camino.
     - El primer beso te lo vas a tener que ganar- le dije con un guiño y ella me dio un pequeño empujón, mientras reía y se atusaba el pelo con ese estilo tan especial.
       Hoy la veo como entonces; el cabello se lo ha cortado, teñido y alisado mil veces, pero sigue siendo ella, la que mejor se peina con los dedos, la mujer con la que soy feliz cada día de mi vida. Está incluso mas guapa que entonces, por que tiene ese atractivo que muchas  mujeres ganan con los años, cuando saben asumir el paso del tiempo. Ya ha cumplido los cuarenta y desde que nos conocimos, han pasado mas de veinticinco años, pero todavía alguna vez, cuando la admiro a hurtadillas, sin que ella se de cuenta, o cuando la veo dormir, como ahora, abrazada a nuestra hija pequeña, entonces me pregunto si pensará alguna vez en aquel  estúpido que fue su primer y desastroso amor. Me inquieta saber qué pasa por su mente, por eso nunca le pregunto, pero cuando me abraza, me besa o cuando nos entregamos el uno al otro haciendo el amor, se disipan mis dudas y mis tenues temores, por que  siento a una Eva  vibrante, exultante de alegría, la Eva que me atrapó el corazón cuando tan solo era una niña de catorce años y yo un crío de dieciséis, pero que nada mas conocerla, tuvo algo muy claro en la vida: que ella era y es la chica de mis sueños.

viernes, 8 de julio de 2011

DULCE TOPICO con un poquito de humor

 
         Cada tarde, cuando llego del trabajo, después de unas horas que se me hacen interminables, espero con ansia la llegada de esos instantes sublimes que me recompensan de todo mal. Abro la puerta de casa y todo está en silencio, tan solo se oye el leve y lejano murmullo de un televisor mas allá de estas paredes y las voces de las vecinas del cuarto, que siempre se llaman por el patio de luces  para tomar el café de la sobremesa, pero no me molestan, nada me incomoda a estas horas. Mi piso vacío, sin seres vivientes ocupando el espacio o deambulando por sus estancias, es por unos minutos, mi refugio, mi fortaleza inexpugnable  y el lugar donde puedo sentirme yo misma. 
     Lanzo mis zapatos al aire con un golpe de efecto, sin miramientos, sin complejos. Me quito los pantalones, la blusa y los dejo en cualquier lado, algo que no dejo hacer a mis hijos, pero una se cansa de tanto predicar con el ejemplo y es bueno de vez en cuando, recuperar esa rebeldía  infantil que no nos  podemos permitir delante de ellos. 
     Respiro, me estiro tumbada en la cama con mi camisola a cuadros, hago muecas delante del espejo y camino descalza, sin importarme si pillo o no un resfriadoAbro la nevera, busco y rebusco entre los tupers apilados, pero no hay nada que me apetezca. Lechugas, cocido de mi madre, macarrones de hace dos días...Doy media vuelta y me dirijo a la despensa: fideos, pan de sándwich, once botellas de leche, dos de soja, un paquete de cereales, latas de atún, galletas con fibra.....y por fin, agazapada en un rincón sombrío, una tableta de chocolate, pero de chocolate puro, sin leche, de las que a mi me gustan y que escondo en las profundidades del armario para impedir que mis hijos se den un atracón y luego no se coman las lentejas.
       - ¡Cielo mío, tienes que comértelas todas, que tienen mucho hierro! Y mi hija me mira con furia, mientras me muestra sus dientes aprisionados por la ortodoncia. ¿Dije hierro? Jamás vi tanto cableado junto en tan poco espacio. Pero dentro de unos años estará guapísima, con sus dientecitos impecables, monísimos y  bien alineados.
      Quitarle el envoltorio a una tableta de chocolate, puede convertirse en todo un ritual que precisa de gran concentración, destreza y savoir faire y yo estoy empeñada en hacer de este momento, mi minuto de gloria; pero de pronto, cuando me dispongo a disfrutar de unos instantes mágicos, una escena acude a mi mente:
      -“Iván hijo, deja de comer chocolate, que es malo para tu acné. La dermatóloga te lo ha prohibido terminantemente...y me cuesta un pastón cada visita”.
        ¿Eso lo dije yo? Ahora ya no puedo continuar despojando a la tableta de su fiel papel de plata, cachito a cachito; no me siento con autoridad moral para seguir con mi intención y me remuerde la conciencia materna. Pobrecito mi hijo, tan adolescente, tan hambriento, tan...contestón, pero bien pensado,  no soy yo la que tiene acné, yo ya pasé por aquello y además, es por su bien, para que esté muy guapo y pueda encandilar a esa niña del instituto que lo trae loquito.
       Un trocito, tan solo un trocito me comeré, lo justo y necesario para que esta exquisitez obre su milagro en mi paladar y no se acomode en mis caderas. Bueno, dos, dos pedacitos, que con uno ni me entero, como mucho tres, pero hasta ahí, que mas de tres ya es gula y me acecha el remordimiento por todos aquellos que no pueden disfrutarlo, por mi hijo y sus granos, por mi hija y su ortodoncia, por que me engaño a mi misma diciéndome que guardo el chocolate para evitarles males mayores a mis hijos, por tantas cosas.....
Suena el timbre de la puerta, oigo una algarabía que me es familiar, pequeños empujones, risas solapadas, voces impacientes. Son mas de las cinco, son ellos, esos locos baijtos de Serrat , que a menudo se nos parecen. Es hora de volver a la realidad, a las meriendas, los deberes, a llevarlos raudo y veloz al ballet o al basket. Pero pero todavía me queda tiempo, un último segundo para asimilar la sensación y el goce de sentirme libre...y recoger la ropa que he dejado esparcida por toda la casa, para volver a ser la mujer perfecta, la mamá  superwoman, pesada y responsable, que siempre quiere lo mejor para sus adorables querubines.
¡Niños...un momentito, que  ya voy!    

sábado, 2 de julio de 2011

Nuestro lugar

         

       ¿Has sentido alguna vez que ya habías estado antes  en un lugar desconocido o has notado una sensación especial, como si algo te ligara a él sin entender muy bien por qué? Seguro que sí.Te da la impresión que ya has vivido, sufrido o amado allí  en otros tiempos o sencillamente captas buenas vibraciones. A nosotros también nos ha pasado, pero en nuestro caso era un espacio nuevo, recién acabado, diáfano, que se ha convertido en el  centro de reunión y emoción, de un grupo de personas que compartimos sentimientos y compromisos semejantes y estas son las palabras que les dediqué un día, nacidas en lo mas profundo de mi corazón.  
                                                 
                                                     
             
           Dime qué ves en este lugar. Cuatro tabiques, grandes ventanas, cortinas y dos sofás. Dime qué sientes al traspasar el umbral de la puerta, si percibes inquietud o encuentras paz.
Si ves y sientes lo mismo que yo, yo soy tú y tú eres yo, por que mis ojos ven mucho mas que paredes, puertas y ventanales por donde entra la luz del día y el reflejo de la luna en la noche. Mi corazón  capta otra luminosidad, la que proviene de todos nosotros y se asienta en este lugar.
Dime que respiras  el mismo aire que yo respiro, cargado de emoción, de amor, de compañerismo y  buena voluntad, a veces de alegría y otras de pena compartida que pronto se alivia.
Este espacio nació de una sensación, de dos miradas cómplices que se buscaron al sentir la misma  impresión. "Este es nuestro lugar", nos dijimos y nos imaginamos aquí rodeados de tranquilidad y bienestar, el que ahora  impregna estas paredes pintadas a todo color, que entrañan las huellas de algunos de vosotros.
Poco a poco, las cuatro paredes vacías y aquel espacio diáfano del principio, se ha transformado en un lugar acogedor, cargado de buena energía, la que todos aportamos, la que, con tanto cariño, nos queremos transmitir unos a otros y ese es el mayor regalo que podemos dar y recibir. Cada vez que vengo aquí, a compartir con todos, estos momentos que para mí son muy especiales, me siento obsequiada y sobre todo,  me siento yo misma, con mis neuras, mis cavilaciones o mis sueños, pero estoy a salvo.
  Cuando salgo de aquí, camino mas liviana, deseando que esa sensación  se prolongue y me da pena reconocer que allá  afuera hay otro mundo, otras gentes que me hacen sentir diferente, a veces  islada, pero cuando pienso en todos vosotros y vosotras, se me vuelve a iluminar el camino, por que se de verdad, que no estoy sola
                                                                             
                                                                   A mis compañeras y compañeros de Reiki