martes, 16 de agosto de 2011

Sin cosquillas en el estómago

               
                     Una historia de amor y letras
 
     Una mañana, al levantarme, noté que ya no sentía cosquillas en el estómago al pensar en ti. Era una especie de indiferencia, desconocida para mí, que sin embargo me hacía daño, ¿Lo puedes entender? Me dí cuenta que estar contigo ya no me motivaba, me hacía sentir incómoda por que me obligaba a pensar, a actuar y en mi cabeza, las sensaciones se agolpaban unas contra otras; era un "sí pero no", un "quiero pero no puedo", un "ni contigo ni sin ti" constante, que me causaba sufrimiento.
   Te conocí cuando era muy niña, a veces pienso que nací sabiendo que ibas a formar parte de mi vida y así empecé a quererte, con esa manera infantil de amar, que no conoce el compromiso, por que todavía no puede comprender que el amor se ha de cultivar para que siga floreciendo. Pero entonces nuestra relación era fluida, yo sentía que controlaba mis sensaciones, mis sentimientos hacia ti, sabía que tu me querías sin exigencias, sin posesión, con la benevolencia de un amor incondicional. El tiempo que pasábamos juntos era pleno, me bastaba. Yo no pedía mas y tú, nada reclamabas. Era feliz cuando estaba a tu lado y creí que siempre sería así. En mi mente no cabía pensar que las relaciones tienen altibajos y que probablemente, algún día, nosotros también correríamos la misma suerte. Reconozco que entonces, no había mucho en mi vida, no sabía de tristezas, de preocupaciones, no tenía ciertas obligaciones que ahora me impiden dedicarte el tiempo necesario para que lo nuestro siga dando fruto y disfrutemos con nuestra mutua compañía, ese tiempo que los dos nos merecemos. Si te soy sincera, a menudo me planteo si no es tan solo una cuestión de tiempo, si no de falta de ilusión, de estancamiento emocional...y no se muy bien cómo hemos llegado a esta situación.
     Me resulta extraño sentirme así, por que yo era feliz a tu lado. Cuando estábamos juntos, me parecía estar  en otro mundo, desconectaba de todo y me entregaba a ti con pasión, pero pronto tenía que volver a una realidad ineludible. Ahora entiendo que la imposibilidad de volcarme en ti como a mi me hubiera gustado, me causaba una gran frustración. Estar contigo me llenaba tanto, que todo lo demás se me antojaba vano en aquellos momentos que compartíamos, pero tu no lo eras todo, estaba mi trabajo, mi compromiso con la vida, con los míos, con la gente que me rodea... Mi necesidad de ti te convirtió en mi problema, por que yo no supe gestionar ese sentimiento para evitar que me dominara, no sabía cómo hacer para compaginar esos  instantes mágicos que vivía contigo, con mi día a día tan... normal. Lo intenté con todas mis fuerzas, pero no lo conseguí, no encontré el ánimo ni tuve el coraje necesario para superar esos obstáculos que nos separaban y que yo misma, con mi inseguridad, convertí en una barrera infranqueable. Cada vez que mi alma reclamaba tu presencia, había algo que se interponía entre nosotros, que no me permitía concentrarme y me impedía dedicarme a ti plenamente. Sentía entonces una tremenda desesperanza y una gran impotencia que me asfixiaba. En realidad era yo la que me exigía dar el cien por cien, era yo la que quería entregarte lo mejor de mí y no podía resignarme a ofrecerte tan solo migajas, por que eso me hacía sentir insignificante. Algo en mi se paralizó, se bloqueó y aunque deseaba seguir a tu lado, era consciente de que ya nada te podía ofrecer, no sentía alegría, ni plenitud.
      Un día me cansé de luchar y me rendí ante lo que yo creía que era una evidencia: no teníamos ningún futuro juntos. Y te dije adiós, con pena  pero decidida a que fuera algo definitivo. Durante un tiempo, me sentí aliviada, ya no tenía que esforzarme por darlo todo, de hecho ya no te daba nada, pero me negué a mi misma algo importante, renuncié a tener una ilusión, ese algo que todos necesitamos al margen de nuestra existencia cotidiana y que nada tiene que ver con la familia, con el trabajo o las amistades, es una parcela privada que sólo uno mismo puede y debe llenar con aquello que siente de verdad. Sin ti, me vi deambulando por un camino que no me llevaba a ninguna parte, pero seguí adelante, sin fuerzas para resistirme.
      No hace mucho, me dí cuenta que podíamos volver a ser amigos, ahora te podía ver de otra forma, como un compañero de viaje, ya no cono un amante en quien depositar todos mis anhelos. Reanudamos nuestra relación y ahora es discreta, sin compromiso por ambas partes, no tan fluida como sería de esperar, pero ninguna pareja vuelve a ser la misma tras una reconciliación. Ahora controlo bastante mejor mi necesidad de ti. Tu nombre está en mi agenda y la verdad, a veces te llamo para quedar por que no quiero que nuestra amistad perezca; han sido muchos años de convivencia y se que estaremos ahí cuando nos necesitemos el uno al otro.Tu también me llamas de vez en cuando; en ocasiones, el reencuentro es muy enriquecedor y todo fluye de maravilla, pero hay días que la sintonía entre nosotros es casi nula y nuestro contacto acaba resultando desapacible. No obstante, vivo esta situación con mas tranquilidad, sin miedo a no ser válida, aunque me sigo exigiendo bastante, pero sabiendo que tu me quieres como soy, comprendiendo que siempre me has aceptado con mis defectos y virtudes sin pedirme nada que no te pudiera dar.
      El tiempo y la vida dirán si nuestra historia puede tener continuidad, aun así, se que tú, en la distancia o la proximidad, silencioso o contundente, siempre estarás a mi lado. A fin de cuentas, eso es amor.
      Por cierto, todavía no he dicho tu nombre, es un poco extraño, pero ese eres tu.
                                                    Tu nombre es  ESCRIBIR.


 Imagen: S. Batoni

5 comentarios:

  1. Escrit de una gran magnitut, de una gran realitat, de una gran veritat. Ara que has retornat amb eixe amor de joventut, no el deixes de nou, Rosabel, els fruits son molt bons. Besets guapetona!!!

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué ilusión, Dunia, por tenerte como "seguidora"! yo también te voy a "seguir". Un abrazo grandote.

    ResponderEliminar
  3. Que liberador, no? presiento que te habrás sentido muy....ligera después de escribir esto y decidir que no vas a dejar de hacerlo, por lo menos de momento...

    me ha encantado.

    Un beso enorme...y continua!

    ResponderEliminar
  4. Sí, Anónimo, ha sido bastante liberador, aunque escribir no es primordial para mi en estos momentos, tal vez por que se que hay otro "camino" que he transitar (no incompatible) y que una vez "inmersa" en él,puede dirigirme hacia un nuevo proyecto en mi vida, llevarme de regreso " a casa" o un poco de todo. Muchas gracias por tus palabras de apoyo.

    ResponderEliminar