Yolanda Quiralte, gran escritora romántica y amiga, a punto de publicar su segunda novela, me envía una colaboración muy especial, que le agradezco enormemente. Todo un regalo.
LA CADENCIA DEL DESEO
El grifo del cuarto de baño gotea de forma melodiosa. Estoy tan acostumbrada a ese suave martilleo que ni siquiera soy capaz de distinguirlo del acelerado pulso de mi corazón. Mirar tus labios, ligeramente entreabiertos, húmedos en su justa medida, mordisqueados con precisión para inflamar mi alma, despierta la salvaje agonía de mi aliento. Detrás, desde la almohada te escucho reír con furiosa picardía a la vez que dejas entrever la rugosa fantasía de mis sueños, fastidiando una vez más mi calma, mi serenidad, mi inocencia frustrada que te busca con ahínco cada vez que necesita explotar.
Te deseo. Tanto que confundo la esencia del momento con la necesidad de la satisfacción. Lo sabes. Me tanteas. Es fácil saber cómo voy a reaccionar, dilatando mis pupilas y mi ego, abriendo sin miedo el alma, el cuerpo, la vida.
Rozas mis senos con la dulzura del que calma la crispación a través de los besos, mariposas voladoras que calientan el interior de mi fortaleza mientras palpitan celosas exigiendo más… y más… Lo sabes. Me tanteas. Siempre presionas el jadeo rítmico de la respiración de ambos a la vez que te inmiscuyes con ahínco en las profundidades de mi rendición. Siento que el bálsamo de tu sexo mece mi temperamento, elevándolo a las cumbres despiadadas del placer.
No hay serenidad entre nosotros dos. Sólo existe la difusa posibilidad de la fantasía… Juntos derribamos la mala influencia del destino que nos advierte la posibilidad de restarle al goce unos minutos, mientras te retuerces exhausto dentro de mí, satisfecho de haber podido alcanzar la cima del orgasmo. Masticas con suma delicadeza la promesa de hallar la dicha jugando con los restos inflamados de una ardiente llama que abrasa mis formas femeninas que te alientan a gozar de ellas unos instantes más, a pesar de que los giros del tiempo nos advierten de que la hora pactada comienza a llegar a su fin.
Saboreas la fuente de mi gozo disfrutando de los cadentes gemidos que, emergen de la furia contenida que contemplas y que está a punto de desbordarse como un río salvaje que bromea con la naturaleza caprichosa. Un suave balanceo más de la húmeda y placentera lengua de tu desnudez y yo… sofocada disfrutaré del momento. Encontraré la eterna dicha de la victoria como aquel que llega a una meta tras el esfuerzo prolongado de la batalla. Un segundo más, un lametón más…
Lo sabes. Me tanteas… lo consigues. Y yo, durante un par de suspiros ahogados huyo de mi propia conciencia para vagar distraída por la senda de la locura, del éxtasis, llegando a alcanzar el clímax brillante del sol de madrugada. Lo sabes. Me tanteas…
Gracias por tus palabras Rosabel. Eres un solete. Muchos besitos y ¡¡gracias!!
ResponderEliminarDe nada, chata, te las mereces por tu "savoir faire". Un beso.
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